“La última casa a la izquierda”
Evitable e inhabitable
* (Una)
Director: Dennis Iliadis.
Intérpretes: Garret Dillahunt, Michael Bowen, Monica Potter.
Duración: 100 minutos.
Nacionalidad: EE.UU., 2009.
Género: Terror.
Durante el siglo pasado, Wes Craven se ganó reputación de farero mayor indicando el camino a seguir por el género de terror década a década. Mayormente gracias a “Scream” y “Pesadilla en Elm Street”, aunque su primera baliza la colocó en 1972 con “La última casa a la izquierda”, precedente del aún coleante “gore rústico”, que hizo la gracieta cinéfila de retorcerle el gaznate al cuello de cisne de “El manantial de la doncella” de Bergman. Casi cuarenta añazos después llega su remake, producido por el avispado Craven y dirigido por el griego Dennis Iliadis, que demuestra desenvolverse mejor en el terreno publicitario que en el trágico de sus ilustres antepasados.
La excusa argumental (las vejaciones a dos adolescentes por parte de unos vándalos a los que les llegará su “San Martín” al recalar en la residencia de los padres de una de las chicas) vuelve a ser precisamente eso, una excusa para presentar un catálogo torpe y grueso de morbo malsano (ni gota de la comicidad estilo “2000 maníacos” del original), apología de la venganza y escenas de insoportable crudeza (la violación es casi peor que la de “Irreversible”). Sólo Haneke puede jugar a ser Haneke. Desaconsejable, aunque ésta también sea una palabra bastante odiosa.
“Delta”
El Danubio gris
** (dos)
Director: Kornél Mundruczó.
Intérpretes: Félix Lajkó, Orsolya Tóth.
Duración: 95 minutos.
Nacionalidad: Hungría, 2008.
Género: Drama.
Exceptuando ciertas películas que se ven con una sola mano, el cine húngaro llega con cuentagotas a nuestras pantallas, y no es por su anquilosamiento, como demostró la salvaje “Taxidermia” hace un par de años. Ahora le toca el turno a una de sus jóvenes promesas, ya consagrado gracias al vuelo festivalero de sus dos anteriores largometrajes, “Pleasant days” y “Johanna”. La historia orbita alrededor de la pantanosa relación entre dos hermanos en las orillas de un Danubio donde no abundan precisamente los valses.
De estética pobretona y feísta, granulado ético y estético y un casi nulo esfuerzo interpretativo de unos actores que parece que pasaban por ahí, “Delta” es un filme de un exacerbado naturalismo que sólo derrochando buena voluntad consigue encandilar. Apenas contiene argumento o asidero, únicamente la descripción de las miserables vidas del dúo protagonista, un chungo “fatum” previsible y una puntita de polémica, aunque más que incesto parece extraña abulia. En fin, como sentarse en un sillón de cuero justo después de una hora de sauna.
jueves 2 de julio de 2009
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